Ignacio Abello expone en su texto Identidad y Diferencia
una análisis del concepto de Cultura partiendo de Identidad y Diferencia.
Identifica que la cultura siempre ha sido abordada desde el problema de la
identidad, como eje representativo, característico y definitorio de los
contenidos de una cultura. En contraposición a esto, la diferencia es la
anti-identidad, lo que hace que una cosa no sea otra cosa y viceversa.
Ha de entenderse bajo estas lógicas, que los valores y
las demás dimensiones de la cultura son construcciones sociales, y que esas
diferencias se sitúen en el plano del pensamiento, y no como algo que
está-ahí-afuera, impuesto, naturalizado. La identidad no es algo estático, sino
que es producto del devenir del pensamiento social. El mundo es el resultado de
la Idea. La esencia de una identidad, de una cultura, es el resultado de una
multiplicidad de relaciones.
Por otro lado, la comprensión de los valores
culturales desde la perspectiva de la identidad como unicidad ha llevado
“conducido históricamente a la xenofobia, a las masacres cuyo fin es eliminar
al que no es idéntico, y a postular unos valores determinados que por
definición son los únicos que tienen validez”. En ese sentido, hablar de
latinidad se convierte en algo difuso que va más allá del espacio
geográfico. He ahí el centro de la cuestión: nunca ha habido una auténtica
identidad latinoamericana. ¿Realmente se puede hablar de esta en una historia
de imposiciones? Siempre hemos vivido en algo así como algo prestado, en el que
perdimos la esencia. Nos convirtieron a la fuerza, y hoy nos esforzamos por
globalizarnos. Asumimos que el camino de Europa era la única vía para hacer la
historia.
Con el texto de Abello se destaca la necesidad de una
ciencia socio-construccionista, con una capacidad de abordar críticamente las
producciones de una cultura; en últimas, esto conduce a una perspectiva más
humanizadora, dejando atrás las reificaciones, las cosificaciones y las
hegemonías de poderes absolutos, que restringen la consciencia, limitan la
creatividad y totalitarizan la expresión de las subjetividades. Esta será la
vía epistemológica para alimentar saberes científicos en pro de una nueva
latinidad, no ya como continuidad del proyecto civilizador, sino como la
potenciación de esadiferencia, esa que nos hace no-europeos y nos
habla de un legado cultural más propio y auténtico.
En conclusión, es necesario pensar una ciencia social
capaz de identificar la cultura como un núcleo de diferentes identidades,
discursos, representaciones y construcciones simbólicas insertas dentro del
entramado social. Con los planteamientos de Abello, nos queda claro que las
dinámicas sociales modernas o post-modernas se alimentan de la construcción a
partir de la interpretación de conceptos, que dan lugar a diferencias de todo
orden. Así las cosas, el científico social debe desempeñar su rol investigativo
partiendo de un lugar epistemológico hermenéutico, como lector cultural, con
capacidad crítica y una mirada global sobre los contextos que estudia.
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